Otro giro en la lista de buscados
En Gran Bretaña, un streamer puede enfrentarse a la desmonetización, a la prohibición de una plataforma o al escrutinio de Ofcom. En Rusia, Andrey «Mellstroy» Burim recibe algo mucho más cinematográfico: un aviso de búsqueda policial. Por segunda vez este año, el Ministerio del Interior incluyó al streamer manchado por el escándalo en su lista federal de buscados. Sus datos aparecieron en la base de datos oficial, aunque las autoridades fueron imprecisas sobre los cargos. Es menos «huelga de directrices comunitarias» y más «atrápame si puedes».
Éste no es el primer baile de Mellstroy con las fuerzas de seguridad. En febrero, su nombre apareció en la misma base de datos, para desaparecer días después. En aquel momento, los canales de Telegram susurraron que estaba relacionado con una evasión militar bielorrusa: Burim, natural de Gomel, supuestamente rechazó el servicio obligatorio. Ahora vuelve a estar en la lista, demostrando que su carrera no se basa sólo en giros de casino y escándalos, sino en un peculiar talento para convertir la notoriedad en fugacidad.
La basura a prueba
Tras el anodino anuncio se esconde un debate mayor: qué hacer con los llamados «trash-streams». En enero, la Duma rusa aprobó proyectos de ley que penalizan las emisiones extremas en línea, citando a Mellstroy como prueba A. Un diputado, Artem Metelev, calificó Internet de «caldo de cultivo» para blogueros desquiciados que humillan a animales y personas por sus opiniones. Recordó concretamente la emisión de Mellstroy en 2020, en la que golpeó repetidamente la cara de la modelo Alyona Efremova contra una mesa en directo en YouTube.
Las lesiones de Efremova -conmoción cerebral, contusiones y daños en la columna vertebral- se convirtieron en una causa penal. En 2021, Mellstroy fue condenado a seis meses de trabajos correctivos y a indemnizarla por los daños sufridos. Sin embargo, a pesar de la condena, su leyenda no hizo más que crecer. Para los lectores del Reino Unido, es el sombrío recordatorio de que cuando las plataformas no moderan, los gobiernos acaban legislando. La saga de Mellstroy se ha convertido en un cuento con moraleja utilizado como arma por los legisladores.
Una carrera escrita de escándalos
La lista de buscados no es más que otra página en la creciente hoja de antecedentes penales de Mellstroy. Ha sido expulsado de Twitch, YouTube y Kick por promocionar casinos, abusar de los invitados y saltarse todas las normas imaginables. En abril del año pasado, Roskomnadzor puso sus cuentas en la lista negra después de que la Liga de Seguridad en Internet le acusara de promover el juego y las loterías. Cada expulsión, cada bloqueo, cada escándalo aumenta su marca.
Para sus fans, Mellstroy es el forajido que burla el sistema. Para los reguladores, es la encarnación de todo lo tóxico de la cultura del streaming. La paradoja es sorprendente: cuanto más se le castiga, más infame se hace. En Gran Bretaña, donde los streamers se enfrentan al boicot de los anunciantes y a la indignación de la prensa sensacionalista, Mellstroy sería invendible. En Rusia, su notoriedad es precisamente lo que le sostiene.
El gambito de Moscú, la lección de Gran Bretaña
El ciclo de prohibición, reacción violenta y recompensa refleja una verdad más profunda sobre la celebridad en Internet. Las plataformas se benefician hasta que interviene la protesta pública o la política. Las payasadas violentas de Mellstroy y sus promociones de casinos le han llevado más allá de la legalidad, pero su nombre sigue generando clics. Para los lectores del Reino Unido, la lección es más aguda: la regulación importa. Sin la supervisión de la UKGC y las normas de Ofcom, Internet se convierte en el escenario de Mellstroy: un teatro del escándalo donde la fama se mide en informes policiales.
En mellstroy-casino.es, no lo glorificamos. Lo documentamos. Porque la saga de Mellstroy no es sólo un cotilleo ruso: es una parábola sobre lo que ocurre cuando el espectáculo no se controla. Un hombre antaño conocido por sus giros en el casino vuelve a estar en la lista de buscados.